El mundo tiene cicatrices. Integran este informe voces que ilustran sobre la violencia, voces que se niegan a echarle sal a la memoria. Que no ven en el terror y la muerte fotos del álbum familiar. Que recogen en esa memoria las ganas de mundar, religión de los malditos. Es que hay palabras que esperan que alguien las tome, hurgando en todos los rincones, raspando las entrañas de las cosas, cara a cara. El mundo tiembla.

No.

ENTRADAS

Ni una menos
Consigna, necesidad, exigencia, programa


Claudia Korol

“Ni una menos” es una consigna que nos invita a juntarnos, a marchar, a denunciar, a gritar, a organizarnos, a inventar nuevos modos del hacer y del decir feminista, en clave de masividad, de tumulto, de rugido colectivo y ancestral. La pintamos en las paredes, la vociferamos en las calles, la estampamos en nuestras camisas, la proyectamos en nuestras andanzas. Es una consigna potente, que se enlaza con otra que dice “Nunca más”. Entre ambas se dibujan los contornos de lo alcanzado en la conciencia social de nuestros pueblos en su lucha contra la necropolítica y contra la impunidad que la ampara y reproduce.

“Ni una menos” es una necesidad de las mujeres, de las lesbianas, de las travestis, y de todos aquellos cuerpos que desafían al heteropatriarcado y sus normas disciplinadoras y domesticadoras. Es la necesidad de pararle la mano a los agresores, a quienes se consideran dueños de nuestras vidas, de nuestras decisiones, de nuestro tiempo. Es la necesidad no sólo de poner fin a los feminicidios y a los travesticidios, sino también a las muchas violencias con las que nos invisibilizan y nos niegan, nos maniatan, nos asustan, nos vulneran.

“Ni una menos” es una exigencia al Estado patriarcal, que no es –como a veces se dice– un Estado “ausente”, sino un Estado cómplice, en sus actuaciones represivas, jurídicas, sociales, políticas, del modelo criminal. Es la exigencia de actuar para garantizar los derechos de las mujeres a una vida sin violencias, al trabajo, a la salud, a la educación, a la vivienda, al acceso a la tierra, a la justicia. Es la exigencia para que el Estado investigue y desmantele las redes de prostitución y trata entramadas con las redes del narco, del tráfico de órganos, del crimen organizado y sus relaciones con las fuerzas represivas, judiciales, políticas. Que el Estado garantice las condiciones para proteger a las mujeres víctimas de violencias. Que asegure la enseñanza de la Educación Sexual Integral en las escuelas, y que enseñe los derechos de las mujeres en todas las instancias de la administración pública. Que controle a los medios de comunicación públicos y privados que emiten contenidos misóginos, lesbofóbicos, travestofóbicos, naturalizadores de la violencia machista y alentadores de mensajes de odio. Que deje de financiar a las Iglesias y a la enseñanza religiosa en las escuelas, que son las cunas de los fundamentalismos. Que limpie las fuerzas de seguridad de los tantísimos cómplices o partícipes de la violencia patriarcal en sus diversas expresiones. Que invierta sus recursos en campañas de formación, de comunicación y en el apoyo a las propias oficinas estatales que tienen como tarea asegurar los derechos de las mujeres y de las disidencias sexuales.

“Ni una menos” es, sobre todo, un programa para las mujeres, lesbianas, trans, travestis, y para los movimientos populares que pretenden despatriarcalizarse. Un programa para rehacer nuestros modos de lucha, pensando desde nuestros lugares de identidad o de actuación territorial en establecer lazos, puentes, abrazos que posibiliten construir una trama consistente para enfrentar a esta cultura que nos niega.

Pedagogía feminista, comunicación feminista, Educación Sexual Integral en las escuelas, alfabetización feminista en los medios de comunicación de masas, formación en derechos de las mujeres para quienes prejuzgan en los tribunales, asedio a las instituciones que perpetúan la impunidad, acompañamiento a quienes sufren violencias y respuestas colectivas solidarias que no pueden consistir en el autoencierro. Espacios de sanación comunitaria para víctimas de violencias. Autodefensa feminista como modo de intervención solidaria, colectiva, que cree posibilidades para las políticas de cuidado. Porque además de querernos vivas, nos queremos libres.

“Ni una menos” nació como una respuesta feminista y popular a la que aportan colectivos, organizaciones, movimientos y también muchas mujeres no organizadas que dijeron “Ya basta”. Es un gran desafío del movimiento de mujeres, de los feminismos, de los colectivos LGTTBI, sostener y ampliar este espacio como programa vital. Evitar que nuestro grito visceral, profundo, desgarrado, quede sofocado por pequeñas disputas que pierden de vista que estamos en medio de una guerra contra las mujeres, lesbianas, travestis, trans; guerra a la que tenemos que enfrentar en una disparidad de fuerzas descomunal. Es por eso que necesitamos poner en juego una gran movilización popular antipatriarcal, conjugada con las actuaciones de nuestras guerrillas feministas, armadas de imaginación, de creatividad, de deseo.

El sol

de Nadja Massün

Nadja Massün (1963)


Congolesa, nació en Buta, al norte del río Congo. Trotamundos de origen franco-húngaro. Estudió economía y ciencias políticas. Radicada en México desde 1983, donde trabajó para las Naciones Unidas. En 1999 empieza a dedicarse a la fotografía, sobre todo al retrato. En los rostros ella ve no sólo sus gestos, sino que también escucha sus historias. Así como la magdalena de Marcel Proust, ella piensa que hay que penetrar en el inconsciente, personal y social, para redimir la memoria. Ha expuesto en México, Eslovaquia, Hungría, Alemania y sobresale la X Bienal de La Habana de arte contemporáneo. Sus trabajos y sus días aparecen en libros, Fotografía contemporánea en Oaxaca, y revistas: Biodiversidad, sustento y culturas; Cuartoscuro; Black & White. También cultiva el documental: La diosa del maíz y Resistencia visual.


Nuestra estrategia de lucha es popular y prolongada, y aprendemos a disparar alegría desde nuestros cuerpos rebeldes. Nos entrenamos para las resistencias y para las acciones audaces, directas. Escrachamos a los feminicidas, a los violadores, a los violentos. Cantamos que nos tienen miedo porque no tenemos miedo. Bailamos las danzas colectivas para espantarlo, si es que lo sentimos en soledad.

Nuestras manos que cocinan, limpian, cambian pañales, cuidan, siembran; nuestros corazones que saben escuchar el dolor de la compañera; nuestra piel que tiembla ante las injusticias; nuestros orgasmos nacidos del placer del roce casual y del encuentro profundo, preparan nuestros cuerpos para las revoluciones que nos faltan.

“Ni una menos” conmueve conciencias, creencias, sentimientos. Logró convocar a un paro internacional de mujeres. Enlazó las voces de las mujeres del sur del mundo con las de las revolucionarias kurdas que crean mundos nuevos. Supo romper fronteras para sabernos todas migrantes del patriarcado. Hizo temblar la tierra.

Necesitamos mantener esa vibración. Que la tierra tiemble, no sólo de vez en cuando, sino cada vez que un golpe o una herida vuelve a marcar nuestros cuerpos.

“Ni una menos” resume muchas luchas de las mujeres de Abya Yala, de emancipación frente a la colonización, al patriarcado, al capitalismo. Es un movimiento con memoria, sin fronteras, que se mueve, que se agita, que se reformula a cada paso.

El patriarcado ha reaccionado provocando una epidemia de feminicidios y de violencia machista. El miedo no nos paraliza. Porque aprendimos que en la parálisis está nuestra derrota. Por eso estamos en revolución. La revolución feminista es popular, es antipatriarcal, anticapitalista, anticolonial. Es una revolución que va a curarnos en comunidad los dolores, los golpes, las heridas. Y si no los cura, nos permitirá vivir con ellos. Porque no busca sustituir un poder opresor por otro, sino terminar de una vez con todas las dominaciones. Porque nuestro modo de sanar está pendiente del abrazo, se sostiene en nuestro acuerpamiento, descree de la industria farmacéutica y de una medicina hegemónica pendiente del mercado.

Nos dicen locas y lo somos. Libres, rebeldes, las herederas de las brujas de todos los tiempos. De las que no pudieron quemar, pero también de las que ardieron en las hogueras. Porque de ellas recuperamos el fuego, y lo volvemos nuestra pasión, nuestra energía, nuestra luz, nuestra posibilidad de comunicarnos con territorios ancestrales y con la memoria que nos habita.

Ardemos. Nos mueve el deseo. Movemos al mundo y lo paramos. Estamos escribiendo una nueva historia en clave colectiva. Es mi historia. La tuya. La nuestra. La de todas las olvidadas.

Ni una menos. Somos la rabia organizada. Somos el deseo que fluye. Somos las revoluciones que nos faltan. Parimos rebeldía.

Claudia Korol (1958)


Argentina, nació en Buenos Aires. Es educadora popular y comunicadora feminista. Participó en brigadas juveniles de solidaridad con Nicaragua, en la cosecha del café, y con Chile, durante la dictadura de Pinochet. Integra el equipo de educación popular Pañuelos en Rebeldía. Obras importantes: El Che y los argentinos y Caleidoscopio de rebeldías. Publicó un diálogo con Fanny Edelman: Feminismo y marxismo. Conduce los programas de radio Espejos todavía y Aprendiendo a volar. Su labor periodística la volvió corresponsal de ADITAL y Brasil de Fato (Brasil), Radio Rebelde (Cuba), Punto Final (Chile) y Madres de Plaza de Mayo (Argentina).