Un grito de amor y de guerra. Para Miguel Hernández, la poesía era una verdad insinuada, preciosa y recóndita como una mina. Las voces que aquí concurren se entienden bien con las palabras, con sus abismos reales y tempestades. Ellas no sólo sugieren otra vida; la incitan para que brote, para tocar el grito que la habita. Es la literatura la gran biografía del mundo y ofrecemos algunas notas de su interminable canción.

No.

ENTRADAS

Y sembrada en la sangre de mi muerte lejana
con raíces mudables bajo un tiempo de piedra,
¡Soledad!, flor nostálgica de vivientes paredes,
Soledad de mi tránsito detenido en la tierra.

El mar me llama con su amistosa mano.
Mi prado –un continente–
se desenrosca suave e indeleble
como una campanada en el crepúsculo.

Correos de ultramar

de Guillermo Olguín

Guillermo Olguín (1969)


Mexicano, nació en el Distrito Federal. En Seattle, se formó en el Cornish College of the Arts y, después, en la Universidad de Bellas Artes de Hungría y en Toulouse. En pintura o dibujo, gráfica o fotografía intervenida, su obra se caracteriza por explorar los climas metafísicos del viaje, su mitología y sus ritos paganos. Enfrenta a los materiales con audacia: escultura en bronce, cerámica y textiles. Y el color se indaga a sí mismo en busca de poesía. Hasta la fecha, ha expuesto de manera individual y colectiva en México, Brasil, Argentina, Cuba, Paraguay, EUA, Italia, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Hungría, España, Portugal, Finlandia y Japón. Fruto de su labor, ilustró La letra escarlata de Nathaniel Hawthorne, entre otros. Su compromiso con los pueblos indígenas lo llevó, sin darse cuenta, al mundo del mezcal.



Así cuando este día con mano temblorosa
pongo mi prisa en un registro ambiguo.

Con el sabor extraño de fruto encajonado
antes de consumar la madurez al árbol.

A veces no percibo su llamado
desde mi alada torre de viejo solitario,
pero hay días que siento despertar al sexo
y voy a la hembra, a mendigar un beso;
y sé entonces que jamás besaré el alma
de quien no logre llamarme camarada...

Sé que los perfumes de valores puros
llenarán mi mente de fecundas alas,

sé que dejaré los agnósticos placeres
de copular ideas sin funciones prácticas.

Sé que el día del combate a muerte
hombros del pueblo apoyarán mis hombros,
que si no veo la total victoria
de la causa porque lucha el pueblo,
será porque caí en la brega
por llevar la idea hasta un fin supremo,
lo sé con la certeza de la fe que nace
quitando del plumaje el cascarón antiguo.

La course

de Christophe Forget

Christophe Forget (1981)


Francés, nació en Nantes. Ha cursado estudios en la École de Communication Visuelle y, con Jean Christophe Cadou, dibujo y acuarela. Integrante de los colectivos L’Arête-inutile y Centrale 7. Su técnica manifiesta una continua inquisición, especialmente a partir de su comercio con el grabado y el monotipo. Pródigas en el tratamiento del color, en sus obras se crean atmósferas oníricas, acentuadas por una dualidad hombre-animal. Forget suele decir que, al retirar la placa, aparecen, más que meras imágenes fantásticas, unos particularísimos seres sostenidos por la imaginación. Hasta la fecha, suman treinta y tres sus exposiciones en Francia y Bélgica. Tiene bien claro que Johan Van Mullem y Mélanie Duchaussoy le han permitido descubrir algunas claves de su oficio. Le gusta internarse en bosques y escalar montañas.


Una lágrima hacia ti



Ay, Guatemala
yo preparé mi sangre en batallones rojos
para regarla entera sobre la tierra santa.
¡La conservo intacta
en mi purpúrea alcurnia de soldado ileso!

Silencios de derrota atisban mis insomnios.
Los siento, en resabios de miel amarga,
pringando mis acciones de recelo.

Haz caído, Guatemala.
Guía, esperanza, ejemplo de América, haz caído.
¡Titán de cenizas!
¡Desintegrada imagen de la fe vencida!

El polvo que la ruina anuncia
en los aires grises va formando nubes.
Allá en los horizontes, se confunden
con las nubes negras que provocan cascos
de centauros-pulpos de prosapia rubia.
Vienen sedientos a tu fresca savia;
la tomarán a sorbos, “por la democracia”.

Mis ojos no pueden seguir siempre secos
cuando están tan húmedos los de tu pueblo.

El pueblo llora, Guatemala, pero cree.
Llora pero sabe que el porvenir es fiel.

Por aquél que no murió en la hora del combate
(ése mismo que ahora muere sin cielo por testigo);
por el que escapó a la muerte y la encontró de nuevo;
por el dolor de dejarte y el de haberte perdido;
por la enorme lágrima que llora el pueblo;
por el porvenir;
por ti y por mí;
Guatemala, hoy que me alejo,
envío esta lágrima esperanzada y doliente
a dialogar futuros con tu pueblo inerme.



M.I.O.
Septiembre, 1954

Ernesto Che Guevara (1928-1967)


Argentino, nació en Rosario. Guerrillero y poeta. Graduado en Medicina, esa carrera que dicen que es un sacerdocio. Obras: La guerra de guerrillas y Pasajes de la guerra revolucionaria. Su ensayo El socialismo y el hombre en Cuba añade a la acción la teorización del “hombre nuevo”. De chiquilín leyó mucho, desde literatura (Baudelaire, Neruda) hasta política, y también a Spengler y Freud. De joven atravesó desde Argentina hasta Venezuela. Luego, en Guatemala y México y sobre todo en Cuba, confirmó lo que aquellos viajes ya le habían echado en cara: la miseria y la identidad profunda de América Latina. En 1966 abandonó Cuba. Galeano escribió sobre ello: “Éste es el insólito caso de un hombre que abandona una revolución ya hecha por él y un puñado de locos, para lanzarse a empezar otra”. En 1967 fue asesinado en Bolivia. Fernández Retamar escribió que el Che Guevara “nos recuerda en todo instante lo que puede ser un hombre y lo que somos los hombres”.