Cada escritor comparte sus memorias como el pan. Unos descubren en la poesía el cauce. Otros; en el cuento, con narraciones tan exactas como el pulso de un reloj. En todos, el eco de la literatura, la verdad de uno que es la verdad de otros. El dossier es uruguayo-argentino, pero el arte no tiene bandera. Por eso decía Barís Pasternak que el único poder del escritor es el de no deformar la voz de la vida que suena dentro de él.

No.

ENTRADAS

Dos poemas


Paula Simonetti

Palabras sueltas


Creer en la revolución es estar loco. No creer en la revolución es estar loco. Creer en la revolución como se cree en las líneas de una mano abierta, dibujar los contornos con los ojos cerrados de cansancio, como se dibuja a una mujer lejana, perdida entre la niebla de los barcos, como se dibuja un puerto familiar adonde nunca llegamos. Piensa el hombre que no fui, que no pude ser. Hay algo de la revolución cuando volvés a casa. Es la revolución, tal vez, la que te deja solo. Ahí se queda, mezclada con el humo del cigarro, volviéndote más cerca de ser hombre. La soledad te va llevando a esos lugares que dios nunca visita. Algo con forma de cuarto en la penumbra, algo con forma de vacío, de cosas que tal vez nunca pasaron. Hay algo en ese hombre descreído, inconfesable. Hay algo de la revolución que no decís en la asamblea, que te resulta triste. Hay algo de la revolución cuando apartás la vista de la mesa familiar, cuando estás solo, hay algo. Hay algo irreal en la distancia, algo irreal en la cercanía. Hay algo en el entierro de tu padre. Hay algo en el camino a casa. Hay algo en el amanecer, que se repite, algo sin nombre, que no se señala en ningún mapa. Hay algo de la revolución que se queda en el mar, en los susurros, en eso de no entregarse nunca, en eso de no morirse cada vez entre las piernas de una mujer, hay algo en esa desnudez que no decís, que te resulta triste. Después del amor, hay algo. Hay algo que se va en los barcos y hay algo que se queda mirando, con la mano abierta, apenas levantada. Hay algo tuyo que se queda en el puerto, una mínima parte de vos, cuando estás solo, vos sabés, le dice adiós a la revolución. Hay algo cuando levantás la vista y mirás, por primera vez, con esperanza. Porque después del mar, no hay nada.

Sin título

de Noémie Boullier

Noémie Boullier (1980)


Francesa, nació en Aix-en-Provence. Cursó estudios en la École supérieure d’art d’Aix-en-Provence que no concluyó. Prefería pintar en su casa hasta quedarse dormida, con las manos llenas de pintura. Emigró a México a los veinte años. En Oaxaca, su vocación se volvió su profesión. Autodidacta, se perfeccionó haciendo grabados con Gerardo de la Barrera y litografía, poco después, con Per Anderson, en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca. A Boullier le gusta contar que, cuando pinta y dibuja, surgen solitas las bestias humanas, sus manos, sus miradas. Que un ojo es casi siempre la primera cosa que aparece. Sus creaciones son austeras en el uso del color y testimonian un tratamiento minucioso de la sensualidad. Ha expuesto en México, España y Francia. Creció en el campo, entre cartones, tijeras, botes de pintura y colores.


En Montevideo…


nosotros tenemos un río del que decimos
es un mar
es lindo saber que tenemos el mar
porque el mar es una sensación
porque el mar es el mejor testigo
testigo del tiempo
de nuestro tiempo
porque el mar es como una madre
que no nos espera pero nos recibe
una madre en la que podemos entrar
una y otra vez
aunque no podamos
permanecer en ella
porque el mar es un lugar ambiguo
tan ambiguo
como una madre.

Paula Simonetti (1989)


Uruguaya, nació en Montevideo. Poeta. Licenciada en Letras por la Universidad de la República. Reside en Argentina, donde cursa Sociología. En 2013 publicó su primer y único poemario, En la boca de los tristes. Sus poemas han aparecido en América Invertida: An Anthology of Emerging Uruguayan Poets y en revistas de Estados Unidos, como From the Fishouse; Inglaterra: Modern Poetry in Translation; México: Tierra Adentro, Círculo de poesía, y Colombia: Luna Nueva. Recibió, en 2012, el primer Premio Pablo Neruda de Poesía Joven y, en 2013, una mención en el Concurso Literario Juan Carlos Onetti.