Aunque vivimos yendo de la condición fortuita al destino de las tragedias griegas, la existencia es la única realidad de veras irreductible. Un caballo que nadie doma. Y con esa libertad de fondo, los hechos hablan, ofrecen sus respuestas. La historia del café, el mercado en el fútbol infantil y la autoconstrucción como resultado de la organización social son tres ventanas por donde mirar el espectáculo de la vida.

No.

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La golbalización del fútbol infantil


María Florencia Acosta

El mundo del deporte no se encuentra exento de los cambios que la globalización está produciendo, incluso en la creación de identidad. Y el fútbol es una de sus expresiones más claras. Incorporado a las culturas de América Latina como un componente fundamental, logró colarse con la máscara de convertir el juego en pasión. Pero existe un mercado mundial del cual el fútbol forma parte, y el mayor objetivo de los clubes es alcanzar un crecimiento que sobrepase las fronteras nacionales. Aquí, la figura de los representantes o mánager es clave para que los sueños de los niños latinoamericanos se cumplan en clubes europeos. Podríamos pensarlo de una forma dura, pero bien clara: América Latina exporta la materia prima, en este caso los niños futbolistas, y Europa la convierte en un producto rentable para su mercado. Hace años que el mercado del fútbol ya no es sólo para la primera categoría.

Juan Pablo Meneses es un escritor y periodista chileno que, para escribir Niños futbolistas, se pasó dos años de su vida como representante de niños. Ahí pone en evidencia cómo el comercio llegó a todos los clubes de barrio y escuelitas de fútbol de Latinoamérica. Como los grandes clubes ya son parte del comercio mundial, la búsqueda de niños se da a través de las redes que crean los representantes con dueños de equipos, entrenadores, familiares de niños e incluso periodistas que se dedican al mundo del fútbol infantil. Si a esto le añadimos la televisión, que vende al fútbol como una salida de la pobreza, y el anhelo de los padres, que creen que sus hijos tienen la gloria en sus pies, se produce una ilusión que en pocos casos llega a cumplirse. Y si se cumple, el club de barrio o la escuela ni aparecen en la historia.

Sin ir más lejos, hablemos del 10 que todo el mundo conoce, Lionel Messi. A los 13 años se fue a España, porque el Barcelona se comprometió a pagarle el tratamiento que necesitaba para superar su problema de crecimiento. A los 17 ya estaba debutando. Cuando llegó Guardiola, Messi no se cansó de convertir goles, ganar campeonatos y ser considerado el mejor jugador del mundo. Con una historia así, ¿cómo no se van a ilusionar los niños?, ¿cómo no pensar que la puerta del éxito está en Europa? Lo más común en un chico de cualquier lugar de Latinoamérica es que diga “quiero jugar en el Barcelona”, antes que en un equipo de su país.

Sin título

de Noémie Boullier

Noémie Boullier (1980)


Francesa, nació en Aix-en-Provence. Cursó estudios en la École supérieure d’art d’Aix-en-Provence que no concluyó. Prefería pintar en su casa hasta quedarse dormida, con las manos llenas de pintura. Emigró a México a los veinte años. En Oaxaca, su vocación se volvió su profesión. Autodidacta, se perfeccionó haciendo grabados con Gerardo de la Barrera y litografía, poco después, con Per Anderson, en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca. A Boullier le gusta contar que, cuando pinta y dibuja, surgen solitas las bestias humanas, sus manos, sus miradas. Que un ojo es casi siempre la primera cosa que aparece. Sus creaciones son austeras en el uso del color y testimonian un tratamiento minucioso de la sensualidad. Ha expuesto en México, España y Francia. Creció en el campo, entre cartones, tijeras, botes de pintura y colores.



Una de las principales problemáticas del fútbol infantil es la falta de identidad que se genera en los niños que fantasean con el mundo del fútbol –europeo, claro. El fútbol latinoamericano perdió esa picardía de la cual Galeano siempre habló. Perdió el potrero, la gambeta, la canchita del barrio y el orgullo de vestir los colores de los grandes: Boca Juniors, River Plate, Santos, São Paulo, Palmeiras, Nacional, Peñarol, Colo Colo, entre muchísimos otros. El niño de América Latina piensa en Europa, en el “fútbol bueno” que le vende la tele internacional, en el “mejor trabajo del mundo” como jugador en la UEFA, pero no es capaz de ver todo el manejo y negocio que hay detrás. Galeano ayuda a comprender mejor: “Aunque tengan los mismos derechos, nunca compiten en parejas condiciones el jugador que viene del hambre y el atleta bien alimentado. Pero al menos en el fútbol encuentra alguna posibilidad de ascenso social el niño pobre, en general negro o mulato, que no tiene otro juguete que la pelota: la pelota es la única varita mágica en la que puede creer. Quizás ella le dé de comer, quizás ella lo convierta en héroe, quizás en dios”.

Y así se va extendiendo el estilo de juego sin golpes, sin contacto, sin pasión. El fútbol se ha vuelto monótono, perdió su nivel. Las figuras ahora son africanas y, de a poco, orientales. Y aquellos consagrados en el Viejo Mundo ya no se interesan por volver a su fútbol local para cerrar su etapa de jugadores, como lo hicieron Román Riquelme, en Boca Juniors; Iván Zamorano, en Colo Colo; o casos como el de Álvaro “El Chino” Recoba y “El Gordo” Ronaldo, que decidieron ponerle fin a su etapa deportiva en su país de origen, aunque no en el club del que emergieran.

Hoy la ambición económica y de “ser alguien” en gran medida mueve al mundo y lo uniforma. Contra esto, es fundamental que se vuelva a trabajar, desde los clubes de barrio y las escuelitas de fútbol, sobre la identidad que hay en nuestro estilo de juego y en el orgullo de nuestras competiciones, para que no sigamos alimentando a esa bestia que es la golbalización y se logre reconstruir, en los futuros futbolistas, la pasión por la tierra que los vio nacer y patear la pelota por primera vez.

María Florencia Acosta (1995)


Argentina, nació en La Plata. Estudió Comunicación social en la Universidad Nacional de La Plata y a fin de año se recibirá en Periodismo deportivo. Durante un tiempo cubrió para prensa las categorías inferiores de los clubes Estudiantes de La Plata y Gimnasia y Esgrima. También condujo el programa de radio Descorchados. Desde pibita, su padre le inculcó, so pena de excomunión, el amor por Boca Juniors. Y es amor desde entonces, aunque a veces le es infiel con Gimnasia. También de niña pensaba que sería veterinaria, porque la enloquecen los caballos. Practica el balonmano.